Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que 20minutos.es escriba una noticia?

'¡Hasta siempre, Mister Berlanga!', un libro que rinde homenaje a un genio

18/11/2020 01:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Manolo Morán, el grandísimo actor cómico español que llena tres décadas de nuestro cine, lo pasó mal durante el rodaje de ¡Bienvenido, Mister Marshall! Interpretaba a Manolo, el fantasioso representante de "Carmen Vargas, máxima figura del arte flamenco" (Lolita Sevilla). Rezongaba y en voz baja decía que aquel chaval, el director de la película, Luis García Berlanga, no sabía dirigir. Que aquello del cine le venía grande. Que no tenía ni idea.

El gran actor debió de comerse sus quejas cuando aquella película enloquecida, el segundo largometraje que dirigía Berlanga en su vida, se llevó una mención especial del jurado en el Festival de Cannes: fue el primer filme español que triunfó en el certamen francés.

Esta anécdota malvada es una de las poquísimas cosas que no cuenta el escritor y cineasta Luis Alegre (Teruel, 1962) en el libro ¡Hasta siempre, Mister Berlanga! , que acaba de publicar Random. Es una biografía de Berlanga, desde luego. Pero no es corriente: es una biografía completamente apasionada, porque Alegre no solo conoce a Berlanga, sino que lo adora desde el día de 1984 en que, siendo un muchacho, viajó a Sos del Rey Católico (Zaragoza) para entrevistar al director, que estaba allí rodando una de sus obras maestras, La vaquilla.

Esto cuenta Alegre sobre aquel encuentro: "Al saber mi nombre y que yo era de Lechago, un pequeño pueblo de Teruel, bromeó con la posibilidad de que fuéramos familia: su madre Amparo se llamaba Alegre de segundo apellido y era de Rubielos de Mora, Teruel. Me animó a quedarme en Sos y hacer de figurante. No me lo pensé. Se pasó el rodaje llamándome 'pariente'. Ése fue el inicio de una amistad que me dio muchas alegrías y que se prolongó hasta el final de su vida".

El propio autor reconoce que es casi imposible distinguirlo en la cinta, pero eso es lo de menos: la historia da una idea impecable de cómo era Berlanga, aquel hombre tímido, gamberro, angelical y anarquista sentimental al que la vida le pasó por encima cuando era un crío (vivió con crudeza la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial); que fue un niño rico y un "señorito" cuando el país se moría de hambre, que se presentó voluntario a la División Azul para tratar de salvar la vida de su padre.

Y que, tras pasar todavía más frío que miedo, de no disparar un solo tiro y de estar una noche entera vigilando una pared convencido de que era la infinidad de la noche, volvió de allí curado de fanatismos, dispuesto a ser un genio del surrealismo y decidido a intentar algo imposible: que los españoles se llevasen bien y, caramba, que aprendiesen a reírse de sí mismos.

Berlanga fue despreciado durante mucho tiempo por los cinéfilos "de izquierdas", que lo motejaban de costumbrista y de superficial. Pero cuenta Luis Alegre cómo una tarde, a mediados de los 70, cuando a Berlanga le daban un homenaje en la Filmoteca, entraron en la sala tres chavales, estudiantes de Ciencias de la Imagen. Eran Fernando Trueba, Óscar Ladoire y Carlos Boyero.

Arrastraban, además de una cogorza de campeonato, un gran tambor de detergente adornado con espumillones y bolas de navidad. Dentro había un montón de revistas porno y un objeto ovalado envuelto en servilletas de cafetería, con una tarjeta: "Bocadillo de chorizo al mejor director español". Berlanga se mondaba. Y pronto pasó a ser lo que es hoy: un tótem, una leyenda, un ejemplo y un maestro.

Alegre explica cómo fue la relación entre Berlanga y otro genio, el guionista Rafael Azcona. De ese choque de talentos nacieron, durante varias décadas, numerosas películas, pero sobre todo tres: El verdugo , La escopeta nacional y, desde luego, La vaquilla , una película que, con diversas formas, Berlanga tenía en la cabeza desde que era un chaval. Las tres son sátiras brillantísimas de la hipocresía española, del régimen franquista y, en fin, de la mala leche nacional. Fueron aquellas películas en las que Berlanga lograba lo mismo que Mozart: que pasasen cuatro o cinco cosas a la vez, que todo el mundo hablase casi al mismo tiempo de cosas distintas... y que se entendiese todo.

Mención aparte merecen las ilustraciones del libro: son de Adrià F. Marquès, que ha usado solamente tres colores: blanco, rojo y azul. Los de la bandera americana que agitaban los falsos "andaluces" de ¡Bienvenido, Mister Marshall! cuando cantaban aquello de "Americanooos, os recibimos con alegría...".


Sobre esta noticia

Autor:
20minutos.es (17831 noticias)
Fuente:
20minutos.es
Visitas:
320
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.