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09/02/2020

Tras las últimas elecciones celebradas en Irlanda el pasado sábado 8 de febrero, Sinn Féin parece haber sido el gran beneficiado tanto en escaños como intención de voto. En tan solo una década, el partido ha pasado del aislamiento político a constituir una fuerza para el cambio

Adrián Romero Jurado

De izquierda a derecha: Micheál Martin (Fianna Fail), Leo Varadkar (Fine Gael) y Mary Lou McDonald (Sinn Féin) durante el debate electoral en la televisión pública irlandesa. Fuente: Niall Carson/POOL/EFE.

Con las urnas aún al rojo vivo tras la intensa jornada electoral, el futuro político de Irlanda se adviene en una incógnita con sorpresas incluidas. El Sinn Féin (SF), partido político que en las pasadas elecciones obtuvo 23 escaños de los 158 miembros totales del Dáil Éireann, la cámara irlandesa, parece haber afianzado algo más que su posición como segunda fuerza política. Con un incremento de más de diez asientos en el hemiciclo según estimaciones de una encuesta de opinión revelada el sábado, parece denotarse entre la población cierta pereza por la continuidad del modelo centro-derecha que los partidos Fianna Fail (FF) y Fine Gael (FG) habrían hecho valer gobernando en minoría después de que la continuidad de la anterior coalición entre el Partido Laborista, de izquierdas, y el Fine Gael fuera totalmente insostenible tras la caída del primero en más de treinta escaños en 2016.

La campaña del Sinn Féin como partido de cambio y contra el bipartidismo que el FF y el FG habían ejercido en Irlanda desde hacía décadas pareció calar entre una población cada vez más descontenta con una gestión económica cuyo crecimiento es solo una ilusión que evidencia la cantidad de agujeros socioeconómicos que deberán ser abordados con decisión por el nuevo ejecutivo.

Si hemos de conocer las realidades que componen el crisol electoral en la Irlanda del sábado pasado, quizá sea necesario comenzar con el protagonista de la jornada. El Sinn Féin es un partido de corte izquierdista y republicano cuyo origen lo encontramos durante los movimientos nacionalistas irlandeses que buscaban emanciparse del Reino Unido durante la década de los años 10 del siglo pasado. En esa época, el partido era ante todo un movimiento con pretensiones de crear una Irlanda independiente del control inglés, llegando incluso a agenciarse la autoría ideológica del Alzamiento de Pascua, dato criticado por algunos autores como Peter Berresford Ellis en su libro Historia de la clase obrera irlandesa, y que actuaría como germen para la movilización de una ciudadanía cuyas pretensiones nacionalistas habían sido hasta aquel momento algo reticentes.

En 1918, la victoria del Sinn Féin en el parlamento inglés fue aplastante, obteniendo una mayoría de 105 escaños y situándolo a la vanguardia de los partidos nacionalistas irlandeses hasta aquel momento. Solo un año tardarían en proclamar la República de Irlanda, fundando un parlamento propio que sería ilegalizado apenas unos meses más tarde y que actualmente es el Dáil Éireann.

Dado que hoy día Irlanda no continúa siendo una colonia dirigida desde Londres, es razonable pensar que el movimiento nacionalista finalmente hizo sucumbir las pretensiones del gobierno inglés por mantener a la isla del trébol bajo su control. Sin embargo, el deseo de emancipación delas aspiraciones nacionalistas hubo de pasar por un período de confrontación violento con enfrentamientos entre los Black and Tans, el ejército inglés y fuerzas paramilitares nacionalistas irlandesas. Entre ellos destacarían, más por su funestas acciones posteriores a la independencia que las realizadas durante la liberación de Irlanda, el Irish Republican Army o IRA. Convengamos en afirmar cómo en un primer momento dicha organización no era más que el brazo militar del Sinn Féin, cuyos años de enfrentamientos contra el ejército británico no frenarían ni siquiera tras la firma del Tratado Anglo-Irlandés.

Miembros del Sinn Féin elegidos en la primera elección del Dáil Éireann, convocados por primera vez en 1919. Fuente: Independent.ie.

Las razones para continuar ejerciendo la violencia eran claras: la disociación de los condados de Úlster, agrupados en Irlanda del Norte, de laIrlanda republicana era poco más que una humillación para aquellos nacionalistas cuyas aspiraciones independentistas pasaban por una reunificación total de la isla. Auspiciados por el Sinn Féin, que sufriría escisiones en años posteriores, seguiría manteniendo como principio político fundamental la reasignación de Irlanda del Norte bajo la soberanía de la República de Irlanda. Curiosamente, y a pesar de la incertidumbre que el Brexit haya causado en la región, la cuestión de Irlanda del Norte no fue tema principal en la última campaña electoral del SF.

Existen diferencias significativas entre Bildu y el SF (...) Sinn Féin presume de haber empatado en intención de voto con los dos principales partidos que han gobernado el país en las últimas décadas

Tanto el Sinn Féin como el IRA Provisional seguirían manteniendo afinidades hasta el punto de que la asociación del partido con la organización terrorista durante The Troubles, los «años del plomo» irlandeses, fue considerada como «dos caras de una misma moneda», con todos los matices que esa afirmación debería conllevar. Aunque el acuerdo de Belfast de 1998 bajo petición del SF significaron el alto el fuego del Irish Republican Army y el fin de las relaciones entre ambos grupos, la formación entraría en el nuevo siglo marcada por el ostracismo político de la población, con un número de escaños que nada se asemejan al espectacular resultado previsto del sábado pasado. Por hacer una comparación, tan solo en 2011 lograría 14 representantes en el Dáil frente a los 76 que el Fine Gael, primera fuerza política, obtuvo. Hasta hoy, al Sinn Féin ni se le consideraba una opción política preferente ni se le esperaba como alternativa al cambio.

 

Uno de los 26 muertos por atentado con coche bomba en Nassau Street en Dublín, perpetrado por el grupo lealista Ulster Volunteer Force (UVF) en mayo de 1974. Durante The Troubles, tanto grupos probritánicos como el USF como el IRA perpetraron atentados de esta clase en Irlanda, Irlanda del Norte y Gran Bretaña. Fuente: Tom Lawlor.

Pensar que la población ha olvidado los lazos que el Sinn Féin mantenía con el grupo terrorista IRA en estas últimas elecciones parece caer en una consideración demasiado simplista que deberíamos aclarar. Es innegable que, al igual que ocurre en España con EH Bildu, donde múltiples sectores de la sociedad y de la política así lo secundan, su asociación con grupo terrorista suele ir de la mano con la simple mención de su nombre. Sin embargo, el apoyo al Sinn Féin parece proceder más de la necesidad del electorado por refrescar las alternativas políticas en el Dáil. Tal y cómo explica Ken Funston, aunque posicionándose desde la crítica por la falta de reconocimiento de las víctimas del IRA, la opinión pública asume la existencia de políticos asociados al IRA como un bien mayor, una forma de seguir hacia delante y cerrar las heridas del enfrentamiento.

Por otro lado, existen diferencias significativas entre Bildu y el SF, pues mientras que a nivel nacional el partido de la izquierda abertzale posee un apoyo meramente residual con apenas cinco diputados de 350 en el Congreso, Sinn Féin presume de haber empatado en intención de voto con los dos principales partidos que han gobernado el país en las últimas décadas, suponiendo un sorpasso difícil de digerir para las formaciones de centroderecha.

Si hablamos de intencionalidad de voto entre la población, la polarización queda patente entre jóvenes y adultos. Portadas de noticias abrían incidiendo en cómo la mayoría de los votantes menores de 25 años habían apoyado al Sinn Féin, mientras que en la encuesta presentada por Raidió Teilifís Éireann Ireland aquellos con edades superiores a los 65 años habían votado fundamentalmente al Fine Gael y Fianna Fail, con muy poca diferencia porcentual entre uno y otro partido, pudiendo interpretarse cómo apenas hay diferenciación entre ambas propuestas de centroderecha.

Intencionalidad de voto en las últimas elecciones irlandesas en población con edad superior a los 65 años. Fuente: RTÉ.

Dicha polarización parece resultar hasta cierto punto entendible, más aún si tenemos en cuenta que las franjas de edad analizadas comprende a aquellos jóvenes que no han conocido los años del IRA más violento salvo en los libros de historia en contraposición con los mayores que soportaron los años de mayor agitación social durante The Troubles (años setenta y ochenta principalmente) y por ende aún asocian Sinn Féin con terrorismo y atentados. Hablaríamos en este caso de dos mundos que cohabitan en extremos opuestos: una población anciana cuyas reminiscencias del pasado aún se mantienen vivas, y una población joven cuyas exigencias socioeconómicas pasan por apoyar a aquellos partidos que puedan considerarse una alternativa al anquilosado modelo de gobierno. Tampoco olvidemos cómo, a pesar de que el Brexit no fue asunto principal en la campaña del SF, la salida del Reino Unido de la UE y el futuro de Irlanda del Norte aún inquietan a la población irlandesa, donde la propuesta por una posible reunificación con la República de Irlanda parece ganar cada vez más adeptos. En medio, toda aquella población de edades restantes cuyos apoyos políticos tampoco han logrado alterar la balanza entre las tres fuerzas políticas en liza.

Los resultados, que serán anunciados entre el 10 y 11 de febrero, prevén un futuro político incierto para la isla, donde no es probable que el Sinn Féin alcance mayoría para gobernar en cualquiera de los escenarios que se le presenten, pero sí podrá abanderarse como el líder de la oposición en el Dáil. Por delante, la necesidad tanto del Fianna Fail como del Fine Gael por ganar apoyos en un entorno parlamentario que probablemente les hará volver a gobernar en minoría tal y como ocurrió en 2016, aunque esta vez con mayores dificultades y con la terrible sensación de tener que hacer frente a una verdadera oposición que, tal y como han demostrado las encuestas, cada vez parece menos ajena al discurso que se da a pie de calle.

La opinión pública asume la existencia de políticos asociados al IRA como un bien mayor, una forma de seguir hacia delante y cerrar las heridas del enfrentamiento

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