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Castillo AlejandroMiembro desde: 30/12/19

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02/11/2020

Comúnmente, se cree que para tomar acción, primero debemos estar inspirados, luego motivados, y después recién pasar a la acción. Sin embargo, la fórmula podría ser de otra manera. ¿Cual? VEAMOS

 

Una vez escuché este  dicho; DICIENDO Y HACIENDO. No sé quién lo acuñó, ni su autoría. Sin embargo, la sustancia radica en  el principio de “haz algo”.

Cuando hablamos de hacer algo, pensamos en la idea de qué tendremos que movernos, es decir, pasar a la acción. Es allí, en el verbo accionar, dónde encontramos la clave.

Cualquiera de nosotros sabe qué: SIN ACCIÓN NO SUCEDE NADA EN LA VIDA.  Preparados..listos...¡YA!

Si queremos pasar de un  estado presente a un estado deseado, o, a los resultados, la "acción es ese puente" qué debemos cruzar para unirnos con ellos.

Con esta premisa en cuenta, sería razonable concluir que; No sucede nada en la vida, sí nosotros no decidimos que suceda. Esto aplica al deseo de lograr cualquier cambio para mejor. Ahora bien, no me estoy refiriendo a cosas que no están bajo nuestro control mental, que responden a acontecimientos exteriores e inevitables, cómo fenómenos naturales. O qué algún “malviviente”te asalte y decida acabar con tú vida. Hay cosas en las cuáles no tenemos mucho control sobre las decisiones de otras personas, y apenas podemos elegir como reaccionar frente a ellas. Sí acaso nos dan el tiempo de hacerlo.

 

¿A que me estoy refiriendo entonces?

Me refiero al poder de la Acción, aplicada al desarrollo personal, y/o, a incrementar habilidades, psicológicas, cognitivas, físicas o Espirituales, etcétera.

No sucede nada que yo no decida que suceda "Haz algo"

Cuando decidí trabajar por mí cuenta. Durante el periodo inicial pandémico, cuando luchaba y me esforzaba a diario, completamente confundido sobre qué hacer y aterrorizado por los resultados (o la falta de los mismos), mi intuición comenzó a llamarme desde los recovecos de mi pensamiento. La escuchaba como a un mantra que me repetía: No estés ahí sentado nada más. Haz algo. Las respuestas llegarán después. Era hora de reinventarse. Durante un  tiempo  seguí esos dictados, y,   aprendí una poderosa lección sobre la motivación. Me llevó  unos meses  comprender esa lección, pero lo que descubrí en estos largos y difíciles meses de hastío para lanzar mis info-productos, mientras hacía columnas de consejos irrisorias, noches incómoda en el sofá, cuentas bancarias sobregiradas y cientos de miles de palabras escritas (la mayoría de ellas no leídas), fue quizá lo más importante que he aprendido en mi vida. La acción no sólo es efecto de la motivación; también es causa de ella. Muchos de nosotros sólo nos comprometemos con la acción si sentimos cierto nivel de motivación. Y sentimos motivación sólo cuando experimentamos suficiente inspiración emocional. Asumimos que esos pasos ocurren en una especie de reacción en cadena, como la siguiente: Inspiración emocional → Motivación → Acción deseada Si quieres lograr algo, pero no te sientes motivado o inspirado, entonces asumes que estás perdido. No hay nada que puedas hacer. Sólo hasta que un gran evento emocional sucede en tu vida puedes generar suficiente motivación para levantarte del sillón y hacer algo.

El problema con la motivación es que no solamente es una cadena de tres partes, sino un ciclo infinito: Inspiración→Motivación→Acción→Inspiración→

Motivación →Acción→ Etcétera.

De ese modo, tus acciones crean más reacciones emocionales e inspiraciones y empiezan a motivar tus acciones futuras. Al aprovechar este conocimiento, podemos reorientar nuestra mentalidad de la siguiente manera:

 NUEVA FORMULA:

Acción → Inspiración →Motivación

Si te falta la motivación para conseguir un cambio importante en tu vida, haz algo —de veras, lo que sea— y aprovecha la reacción a esa acción como una manera de empezar a motivarte. Yo lo llamo el principio de “Haz algo”. O máxime; Diciendo y haciendo. Después de emplearlo para construir mi emprendimiento  (llámese negocio), comencé a compartirlo. Por fin  trabajé para mí mismo, a veces podían pasar semanas enteras sin que lograra mucho, por ninguna otra razón salvo que estaba ansioso y estresado sobre lo que tenía que hacer y era más fácil posponerlo. Pronto aprendí, sin embargo, que forzarme a hacer algo, incluso la más tonta  de las tareas, rápidamente propiciaba que la tarea mayor pareciera más fácil. Si tenía que rediseñar un sitio web entero, me forzaba a sentarme y a pensar: “Okey, por el momento sólo diseñaré el encabezado”. Pero después de que el encabezado quedaba listo, me seguía de filo a elaborar otras partes del sitio, y antes de que me diera cuenta, ya me sentía con energía y totalmente compenetrado en el proyecto. El autor Tim Ferriss cuenta que alguna vez escuchó hablar de un literato que había escrito más de 70 novelas. Alguien le preguntó a este hombre de letras cómo podía escribir de manera tan consistente y permanecer inspirado y motivado. Él señaló: “Doscientas malas palabras al día, así es como lo consigo”. La idea era que, si se forzaba a escribir 200 palabras diarias, con frecuencia el acto de escribir lo inspiraría y, sin darse cuenta, ya tendría cientos de frases en una página. Si seguimos el principio de “Haz algo”, “Diciendo y haciendo” el fracaso se siente poco importante. Cuando el estándar de éxito se convierte en meramente actuar —cuando cualquier resultado se percibe como progreso e importante, cuando la inspiración se mira como una recompensa más que como un prerrequisito—, nos impulsamos hacia adelante. Nos sentimos libres de fracasar y ese fracaso nos proyecta hacia adelante.

“Haz algo” "La acción crea espacios de potenciales resultados"

 

PD; Cuándo nos falla un resultado, lo que en realidad nos falla; No es el resultado, "Es el compromiso con el resultado".

 

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