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15/04/2013

Muchos de nosotros sabemos que hay ciertas cosas que no se hacen o que para la mirada ajena - en caso de saberlas - producirían miedo, asco, repulsión o vergüenza, ya sea a los espectadores o testigos como así también al autor de algún dicho, acción, omisión o conducta. Aclaro desde el principio que esta entrada no es una especie de manifiesto ni doctrina moral para juzgar qué es bueno ni malo, como así tampoco es una entrada que pretenda imponer normas universales de parte de un moralista o algo así: es simplemente una reflexión que gira en torno a elementos relacionados o asociados a aquellas cosas que hacemos y que no hacemos que nos producen sensaciones desagradables a priori o a posteriori de la acción (u omisión misma).

Ahora vamos con un lenguaje más coloquial: estoy hablando de "meter la pata", "hacer cagada", "hacer macana", "portarse mal", "pasarse de la raya", "actuar mal", "irse al carajo, etcétera, etcétera, etcétera. Obviamente esto varía muchísimo de acuerdo a ciertos principios o valores que una persona conozca, reconozca y asuma, como así también varía la situación y su estado de conciencia o anímico que podría afectar su volición o su inteligencia (o viceversa). Pero bueno, para no irme por las ramas voy a dar ejemplos como siempre respecto a qué me refiero.

Digamos que las personas somos criadas (en general) a hacer el bien y no atrevernos a atravesar ciertos límites, moviéndonos en una especie de espacio dentro de ciertos márgenes para sentirnos aceptados, queridos, seguros o estables, y que muchas veces, cuando atravesamos esos límites nos sentimos mal: culpables, con repulsión, con remordimiento, confundidos por desconocernos a nosotros mismos, inseguros respecto a qué somos capaces de llegar o hacer, especulamos qué hubiera pasado si la situación hubiera sido distinto o si hubiésemos optado por otras alternativas y demás.

image Pero la realidad es que no siempre estamos totalmente lúcidos y conscientes de lo que hacemos y tendemos a meter la pata, y muchas veces de una manera épica o deshonrada, y esto puede ir desde mentirle a alguien para guardar un secreto, tirar un papel por la calle, decir algo desubicado u ofensivo o inclusive aprovecharse de alguien para beneficio propio. Agrego también, que no siempre nos damos cuenta de la gravedad o la seriedad del acto que realizamos o que no, ya sea por desconocimiento, ingenuidad, inmadurez o por lo que sea, "cayéndonos la ficha" después de lo realizado, sea por una reprimenda o sea por algún repentino o largo proceso de reflexión sobre lo acontecido. Es decir: hacemos cagada y después nos damos cuenta de eso, y eso nos puede hacer sentir desde incómodos, perseguidos o inclusive muy muy mal respecto a nosotros mismos.

El problema es que muchas personas al saber que meten la pata, para evitar ciertas ansiedades o angustias comienza a justificarse desesperadamente con fuerzas o variables que escapaban a su control en la situación, como así también están quienes niegan o no comprenden realmente que, bueno... la cagaron. Aunque también cabe mencionar a aquellos que consideran que casi cualquier cosa que esté fuera de su rutina o de ciertos principios rígidos doctrinales que interiorizó es algo malo, deplorable, mediocre, reprochable y hasta repugnante tanto para uno mismo como para un tercero.

Edgar Allan Poe en su famoso cuento "El corazón delator" expresa muy bien esto, cuando su protagonista, luego de ocultar muy detallada y cuidadosamente el cuerpo de un hombre que asesinó comienza a escuchar los latidos de su corazón cada vez más fuerte (estando el cuerpo bajo sus pies), para luego básicamente no dar más y terminar confesando su acto secreto y castigable. Bueno, partamos de la base que si uno lee el cuento se da cuenta que el tipo no tenía todos los caramelitos en el tarro, pero a todos nosotros nos pasa: ¿cuántas veces soñamos o recordamos las cosas malas o de dudosa moralidad que hicimos respecto a un tercero? ¿no nos ha pasado acaso que empezamos a imaginarnos cómo el mundo nos miraría si se enterasen de ciertas cosas que celosa y herméticamente nos reservamos solamente para nosotros mismos? ¿cuántas veces temimos que alguna persona nos descubra, o que peor, haya descubierto algún secreto nuestro y sin que nosotros lo sepamos?

Pero dejando de lado el asunto de cómo nos sentimos mal por nosotros mismos, hago referencia también a la cualidad atemporal o ilógica que tienden a tener nuestros pensamientos o nuestra condición humana repetidas veces. ¿Por qué digo "atemporal"? Por el simple hecho que nuestros sentimientos no se someten u obedecen al tiempo clásico de pasado-presente-futuro, puesto que podemos sentirnos mal por cosas que ni siquiera hicimos realmente como así también por aquellas que pasaron hace mucho tiempo. ¿Por qué digo "ilógica"? Porque muchos miedos y ansiedades nuestros son exageraciones a reprimendas, desprecios, juicios o condenas ajenas, siendo que quizá el otro nos perdona, hace caso omiso, nos da otra oportunidad o no cambia realmente su concepción de nosotros por algo que sepa que hicimos.

image Ejemplo: si uno es muy educado y supuestamente nunca miente y de repente lo hace y alguien lo sabe, ¿va a acusar a uno de "mentiroso" y "maleducado"? No siempre, puesto que, como dicen en la filosofía griega, "el hábito hace al ser", y en todo caso uno es pervertido, mentiroso, manipulador o mediocre moralmente por constantemente repetir las mismas conductas sin remedio alguno.

El dicho dice: "tropezón no es caída" para aquellos que fracasan, decepcionan, fallan o no llegan al grado de perfección o calidad que pretenden por ellos mismos o que les imponen presiones externas. ¿Una persona por reprobar un examen es un mal alumno? ¿Alguien que se enojó y gritó de repente es alguien malhumorado? ¿Una persona que golpea a otra por cólera acumulada se convierte en una amenaza para la sociedad? ¿Entregarse a pasiones o necesidades en una situación hacen a alguien definitiva y tajantemente débil ante sus demonios internos o alguien que no puede controlar sus impulsos?

Posibles soluciones para el mal obrar están en ir a hacerle saber a una persona en particular lo que uno hizo (o no hizo) para esperar el "veredicto" de esa persona y "largar todo lo que uno tenía adentro" para sentir alivio o sentirse con menos carga encima, como así también hablar con una persona cualquiera sea (un terapeuta, alguien cercano como ajeno a la situación o un sacerdote son claros ejemplos), como también el enmendar o arreglar secretamente la metida de pata que uno cometió, metiendo un parche en el hueco que uno hizo o desenredando el nudo que realizó queriendo o no. Eso depende de cada persona y de cada situación, y obviamente no hay ni mejor ni peor manera como para dictarlo como sentencia universal.

Pero como conclusión puedo decir que todos metimos, metemos y meteremos la pata, todos tenemos secretos o recuerdos escondidos en nuestra cabeza, como así también creo que todos hemos sentido vergüenza, culpa o remordimiento tanto ante nosotros mismos como ante los demás (dejando de lado si el hecho era grave en sí o no) pero... ¿es necesario que el otro conozca ciertos aspectos nuestros poco agradables, como así también nuestro historial manchado con errores o imperfecciones en nuestra rectitud al obrar, como si estuviésemos mostrando un currículum vitae de cosas indecentes o repudiables? ¿Uno puede ser realmente juzgado por otro si hace referencia a cosas muertas que ya no son y que uno nunca más va a volver a repetir? ¿Se puede confiar en alguien que alguna vez se sintió tentado o en necesidad de desviarse del camino que dice seguir? Qué asunto complicado, ¿no?

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