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Latinoamérica, la corrupción va por dentro

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03/11/2018 08:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Guerras, represión, crisis económicas y sociales han obligado a millones de personas a dejar su lugar de origen

Asidero

 

La xenofobia no es un mal exclusivo de Estados Unidos ni de Europa. Durante las últimas semanas hemos visto este fenómeno expandirse a lo largo de una región como Latinoamérica, y Centroamérica, en donde, irónicamente, solemos jactamos de decirnos hermanos. Me refiero a Nicaragua, Honduras y Venezuela

Guerras, represión, crisis económicas y sociales han obligado a millones de personas a dejar su lugar de origen, ya no digamos en busca de una mejor vida, sino simplemente con el objetivo de sobrevivir. Pero lejos de encontrar empatía, hemos visto cómo Europa ha cerrado sus fronteras, mientras que Estados Unidos ha reforzado una política de cero tolerancias, separando y destruyendo a miles de familias.

Según la ONU, más de siete mil personas, han escapado de las precarias condiciones en las que vivían en Venezuela, mientras que, en Nicaragua, el conflicto civil que lleva siete meses agravándose con las represalias gubernamentales, ha orillado a miles de nicaragüenses a buscar refugio en países vecinos, donde no son bien recibidos.

Una muestra de ello es lo ocurrido en Costa Rica, donde se celebró recientemente una manifestación xenofóbica sin precedentes. Cientos de ticos salieron a las calles con suásticas, banderas de Costa Rica y bombas molotov para agredir a los nicaragüenses que han buscado refugio en su país, culpándolos y señalándolos por los problemas que afectan a Costa Rica. Al mismo tiempo, Ecuador anunció que, a partir del mes de octubre, solicitará pasaporte vigente y válido a todos los venezolanos que quieran entrar a su país, o cualquier documente de validez a su perfil dejando así a miles de migrantes varados a las orillas de la frontera, en donde cada día solían entrar cerca de tres mil migrantes. Algunas medidas, también será adoptada por Perú a partir del 25 de agosto.

Como si no fuera suficiente, Brasil, que ha dado albergue a más de 40 mil venezolanos, enviará tropas a su frontera con Venezuela debido a la presión social.

El robo a un comerciante por parte de cuatro venezolanos dio pie a un sinfín de manifestaciones en contra de los migrantes. Algunos brasileños incendiaron los campamentos de refugiados, quemaron sus pertenencias y atacaron a venezolanos con piedras y otros artefactos, lo que ha obligado a miles de migrantes a abandonar el país y comenzar una nueva excursión en busca de una morada.

Si bien es cierto que la inmigración puede acarrear una serie de problemáticas, no podemos ignorar el origen de las mismas. Lejos de ayudar, la discriminación y la xenofobia solo crispan más la situación. A veces solemos olvidar que la humanidad es más importante que cualquier frontera.

Los venezolanos hacemos de la contradicción un deporte. Si hubiera juegos olímpicos de la contradicción, ganaríamos medalla de oro. Y no porque seamos el pueblo más contradictorio del mundo, sino porque pagaríamos una buena mordida para aparecer en el podio con el oro en el cuello. Sí, somos contradictorios y corruptos. Y miren que no estoy pecando de monotemático; sé que llevo varias columnas hablando de cómo nos fascina la corrupción, pero es que somos repetitivos: nos encanta corromper y ser corrompidos.

Si es verdad, que la clase política no es más que el reflejo de las sociedades que administra, representa o gobierna, entonces todos llevamos un Bartlett dentro. O pónganle el apellido que quieran, el que escogí tiene que ver con la discusión pública de estos días.

Si es verdad que la clase política no es más que el reflejo de las sociedades que administra, representa o gobierna

Manuel Bartlett quien, (México ), como todos ya saben (y si no, aquí les dejo esto de Sir Vicente Leñero:  fue un destacado funcionario público del siglo pasado que revivió políticamente en el que está en curso. Es un personaje acusado de ser represor y enemigo de la libertad de expresión. También hay quien lo ha acusado de robar elecciones y hasta quien lo acusa de asesino. No hay juez que lo haya sentenciado. Él, un priista de los más priistas, abandonó el partido y se volvió amigo público de Cuauhtémoc Cárdenas, a quien ha acompañado en varias luchas políticas, aun después de un supuesto distanciamiento cuando el fundador del PRD acusó fraude en 1988 por la caída del sistema a favor de Carlos Salinas, ganador de una marrana elección, con compra de votos, embarazo de urnas, ratón loco, carrusel y manipulación de los resultados, todo ante la vista del mismo Bartlett, quien era el encargado de organizar las elecciones.

Hoy el político, ahora senador del PT, es la propuesta para encabezar la Comisión Federal de Electricidad, como un reconocimiento a su oposición a la reforma energética, según el próximo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Bueno, se traduce como más corrupción.

¿Cómo un personaje así de cuestionado puede estar en el gabinete del gobierno que promete acabar con la corrupción? ¿Contradictorio? Sí, contradictorio: o sea, mexicano. Es tal el carnaval de corrupción entre los mexicanos de la clase política y los que no pertenecen a ella, que vemos por un lado y otro cómo violan las reglas de tránsito, dejamos de pagar el recibo de luz para que luego nos perdonen el pago (vean lo que quieren hacer en Tabasco), observamos impunidad en los feminicidios, en los infanticidios diarios, en el asesinato de periodistas, en un país donde las desapariciones de personas ya no impresionan como antes, donde la indolencia por los crímenes de odio o por los saqueos millonarios ya no se arreglan en los tribunales, sino en las oficinas de los políticos… Por eso, nombrar a Bartlett en la CFE es una raya más al tigre, ese que amenazaban con soltar. Pero nunca he visto a un tigre que se asuste frente a otro tigre.

Si el “pueblo”, como nos llaman, camina como tigre, también corrompe como tigre, es indolente cual tigre, olvida como tigre e ignora la impunidad como tigre. Y por eso no hay tigre que lo asuste. ¿Contradictorio? No, mexicano. Hasta que dejen de pensar igual y actuen diferente, no habrá nombramiento impuesto en la escena pública. Entonces una raya no será una raya más, será la raya que todos noten, que todos vean, que condenen, que detengan, que deba ser eliminada, porque más rayas no serán permitidas, porque habrá consecuencias y memoria.

Pero la cosa se pone peor. Ese plomero o plomera que juró cumplir un trabajo anterior —y, como vimos, dejó todo mal y peor—, ahora llega a decirnos, en este proceso electoral: ¡Hola!, ¿me contratas?, quiero resolverte el problema de electricidad. No tienen vergüenza. Ni ellos ni nosotros; porque los volvemos a contratar, les volvemos a dar el voto, volvemos a chuparnos el dedo, a tomar atole con su dedo.

Así, pasa en Venezuela, votando por los mismos corruptos y ese fenómeno se puede repetir en los ayuntamientos.

No es justificación, al contrario. Si toda la historia de la humanidad demuestra que no es verdad que basta con buenos ejemplos para garantizar comportamientos éticos, ¿por qué el discurso del próximo gobierno dice “si el presidente se porta bien, todos sus colaboradores lo imitarán”? El presidente podrá dormir en un catre en Palacio Nacional. ¿Y de qué sirve si sus allegados hacen gala de lujo y ostentación en publicaciones frívolas?

Considero que un mínimo de congruencia liberal exige no contaminar la reflexión política con señalamientos sobre la vida privada. No obstante, cuando el mismo político decide exhibir sus celebraciones íntimas en una revista de sociales para presumir su riqueza, ¿cómo no apuntar la inconsistencia? Esto no es una crítica de prensa fifí, o comentarios de la mafia del poder. La revista Proceso, a quien nadie puede acusar de asociada de la derecha, hizo del título de su portada, con la foto de la boda de Yáñez, un editorial contundente: “El irresistible encanto de la frivolidad”. La filosofía absurda de que la corrupción acabará de arriba para abajo si limpiamos la escalera superior con el ejemplo del presidente, quedó evidenciada en toda su falsedad. Están a tiempo. Las respuestas para combatir la corrupción no residen en prédicas cristianas, constituciones morales o el ejemplo presidencial. Los remedios solamente pueden ser institucionales. Por eso la insistencia sobre la autonomía del Ministerio Público y de las fiscalías, la dotación de mecanismos sancionadores a las auditorías y órganos de control, etcétera. La boda será un escándalo que no trascenderá, y aunque indignante, no fue ilegal. El país ganará mucho si esto sirve de antecedente para entender que lo que necesitarán, una vez iniciado el gobierno, son mecanismos jurídicos de control y sanción. Harold Laski, gran politólogo socialista, decía: “No basta, al menos en política, con desear lo correcto, también hay que saber lo que es correcto desear… Ni la más apasionada convicción de estar en lo cierto es prueba fehaciente de no estar equivocado”.

México al igual que muchos países latinos esta podrido en la corrupción y en el mal manejo de los conceptos elementales de Estado.

 

 

 

 

 

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (736 noticias)
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