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La crisis de valores

13/02/2012 15:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Existen pocos periodos históricos en los que las personas no se hayan interesado por los valores en general. Es un problema que siempre se ha planteado el ser humano, aunque con distintas denominaciones. Se ha gobernado en virtud de ciertos valores, se ha legislado con distintos criterios valorativos. En general, todas las manifestaciones culturales y religiosas no son más que expresión de otros tantos valores.

Los valores en la actualidad

En la actualidad, la problemática de los valores se ha aumentado debido precisamente a la crisis de valores que experimenten las personas y las distintas sociedades. Y es evidente que esta crisis presente de valores repercute en la personalidad en general y en la educación en particular. Es difícil concebir cualquier problema humano en el que no estén implicados los valores.

A la hora de definir un valor, podríamos considerar que un valor es una idea, pensamiento o creencia que dirige el comportamiento de las personas y que va cargado de motivaciones y sentimientos. Aunque evidentemente existan personas que no son coherentes con ellos y su comportamiento, porque en definitiva los valores no necesitan ser impuestos sino que atraen por sí mismo a las personas.

Un valor en crisis

Uno de los valores que están en crisis es el del respeto a la persona que lleva aparejado una creciente espiral de violencia que está afectando cada vez mas preocupantemente al entorno escolar, y si eso está ocurriendo habrá que preguntarse muy seriamente qué estamos haciendo para que ello ocurra. Pensamos que no existe una sola causa, hay una serie de circunstancias que pueden estar contribuyendo a ello.

Por ejemplo, habría que preguntarse si la actuación de algunos padres y profesores están contribuyendo indirecta y sutilmente a predicar la violencia, porque a menudo solemos en la familia o en la escuela decir una cosa.... mientras que simultáneamente estamos actuando de forma contraria. En tales casos deberíamos revisar nuestros dogmatismos tan llenos de contradicciones a la hora de vivirlos. Deberíamos revisar nuestra propia personalidad, nuestra manera de ser.

Un científico llamado Lippit afirmó que en nuestra época es más fácil romper un átomo que romper un prejuicio. Y ello por dos razones fundamentales: porque las actitudes arraigan en la estructura total de nuestra personalidad y porque orientan nuestro comportamiento social. Reformar algunas actitudes supone, muchas veces, tirar la casa abajo y levantarla de nuevo.

Debemos tener en cuenta que la mayor parte de nuestras características personales (habilidades, apreciaciones, razonamientos, esperanzas, aspiraciones, actitudes y valores) las adquirimos mediante aprendizajes. Dichos aprendizajes dependen en su mayor parte de las experiencias que uno vaya teniendo en la familia, en la escuela y en los diversos ambientes sociales. Si dichas experiencias son experiencias de violencia, por ejemplo, porque constantemente estamos enseñando a competir, ¿por qué extrañarnos después de que nuestro hijo o hija o nuestros alumnos manifiesten violencia? Enseñarles a competir es presentar al otro como un rival que de algún modo les amenaza. Es algo tremendo, hemos transformado al otro en un estímulo ante el que debemos reaccionar sobresaliendo de él. Nos hemos cargado al otro como persona. El papel de las comunidades educativas

Las comunidades educativas, como mediadoras de valores sociales, deben comprometerse en actuaciones que refuercen la propia autoestima, de forma que los individuos sean conscientes de sus limitaciones, tomen decisiones autónomas y acertadas, y como consecuencia deseen superar con optimismo sus posibles dificultades.

Se nos forma para una vida democrática y se nos educa con valores autoritarios. Se habla de derechos humanos y no siempre son respetados. Se inculcan valores como la honestidad y se utilizan sutiles mecanismos de corrupción. Se predica la tolerancia y prevalece la intolerancia. Se insiste en que el alumno es el propio agente de su educación y prevalecen los métodos memorísticos. La escuela por tanto no sirve siempre como mecanismo positivo de socialización.

Todo lo que sea intolerancia, falta de aceptación a lo diverso puede contribuir a generar violencia. Quizá estemos asociando en demasía la palabra violencia a las situaciones extremas de confrontación bélica y no nos damos cuenta de otras manifestaciones más sutiles de violencia que también debemos tener presentes.

Potenciar en el sistema educativo el esfuerzo personal, la originalidad, los criterios propios, la honestidad, la lealtad, la cooperación y la solidaridad sería una excelente estrategia para lograr de los centros educativos un lugar donde la violencia no tuviera cabida.


Sobre esta noticia

Autor:
Segismundo Uriarte (70 noticias)
Fuente:
comunidaddigital.info
Visitas:
6724
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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