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Elecciones en Taiwán: una difícil relación con China

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12/01/2020 07:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tras la reelección de Tsai Ing-wen, Taiwán atraviesa un nuevo período dominado por la incertidumbre de la respuesta china y una sociedad que desafía el régimen de Pekín

Adrián Romero Jurado

12/01/2020

 

Tsai Ing-wen celebrando junto a sus partidarios su reelección como presidenta de Taiwán. Fuente: Carl Court.

Hace menos de 24 horas que sabemos de la más que holgada victoria electoral de la candidata a la presidencia de Taiwán, Tsai Ing-wen. De forma insólita, y contando con una de las mayores participaciones políticas de la población en la última década, la nueva presidenta de la república vuelve a revalidar el liderazgo con un mejor resultado que en su última elección en mayo de 2016. Este movimiento por parte de la isla manda un mensaje claro a un Pekín cada vez más ambicioso, enfrentada con Estados Unidos por su liderazgo en Asia, y que hace emerger a Taiwán de nuevo como ese molesto «dolor en la nuca», en el sentido más anglosajón de la expresión.

La manifestación política de los taiwaneses en las urnas deja claro a China cómo las raíces que la población isleña una vez tuvo con el gigante asiático se han diluido en el pasado. Taiwán se considera a sí misma desde hace décadas como una realidad y cultura distinta a la china, cuyas costumbres y sistema nada han de asemejarse con el férreo gobierno de Xi Jinping. Es evidente que actualmente Taiwán, enmarcada en una república presidencialista y pluralista jamás asumiría una plena reunificación con Pekín hasta que esta adoptase bases democráticas que pudieran asegurar un mayor acercamiento entre ambos gobiernos. Mientras, Taipéi mantiene desde su palacio una actitud desafiante que evidencia al gobierno chino, con una población que más allá de Hong Kong apenas se manifiesta en contra del débil Estado de Derecho, siempre y cuando la estabilidad económica y social puedan asegurarse por el politburó del PCCh.

Desde el fin de la Guerra Civil China en 1949, tanto la isla como la República Popular China han pugnado por establecer sin éxito la soberanía en la región. Estados Unidos, dentro del marco de la Guerra Fría, apoyaría de manera íntegra al gobierno del Kuomintang refugiado en Taiwán, nombrándolo heredero legítimo de la República China y mostrándose reacio a sustituir su asiento como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU por la China de Mao. Cuando a principios de los 70 el gobierno comunista ya mostraba síntomas de clara enemistad con la URSS, el giro de intereses motivado por Kissinger y auspiciado por Nixon llevaría en 1972 al establecimiento de relaciones diplomáticas formales y la apertura del gigante asiático hacia la comunidad internacional. Ello provocaba en consecuencia el fin de las relaciones con Taiwán, pues China jamás permitiría que un país pudiera establecer diplomacia formal con la isla, a riesgo de perder el trato de favor.

A finales de la misma década, el Congreso estadounidense elaboró de forma extraordinaria el «Taiwan Relations Act», una legislación interna que a grandes rasgos determinaba cómo «Estados Unidos pondrá a disposición de Taiwán los artículos de defensa y los servicios de defensa en la cantidad que sea necesaria para permitir que Taiwán mantenga una capacidad suficiente de defensa propia…». La isla no sería reconocida de facto como país de cara a sus relaciones con Pekín, pero seguirían manteniendo sus intereses en la seguridad de Taiwán como método para asegurar su liderazgo en el Mar de China Meridional a través de la séptima flota. Desde entonces, la mayoría de las naciones han reconocido de forma explícita a la República Popular China en detrimento de Taiwán, cuyo nicho de mercado y relaciones comerciales resultan por norma general de mayor atractivo para terceros Estados.

Cuando en 2013 Xi Jinping, actualmente máximo mandatorio de la República Popular China, fue elegido Secretario General del PCCh, las denominadas relaciones a través del Estrecho con Taiwán se mantenían en una cierta estabilidad. Visitas como las acaecidas en Nankín entre el Ministro del Consejo de Asuntos Continentales taiwanés, Wang Yu-Chi, y Zhang Zhijun, viceministro y responsable de la Oficina de Asuntos de Taiwán, serían vistas como un acercamiento histórico entre la China Continental y la isla, considerándose la antesala de futuros acuerdos diplomáticos. Esto se veía reforzado por el perfil que en aquel entonces mantenía el gobierno de Taipéi, donde el partido Kuomintang buscaba mantener la tregua con Pekín en el Consenso de 1992, un acuerdo donde ambas regiones afirmaban de forma ambigua la existencia de «otra China». Acuerdo que, dada la postura escéptica que el Partido Progresista Democrático de Tsai Ing-wen posee desde que subió al poder en 2016, parece haberse volatilizado.

Desde el fin de la Guerra Civil China en 1949, tanto la isla como la República Popular China han pugnado por establecer sin éxito la soberanía en la región

Al desafío del statu quo taiwanés se ha de sumar el nuevo giro de miras que el gobierno de Xi Jinping ha establecido de cara al exterior, con unos reforzados intereses fundamentales a los que no piensa renunciar y entre los que indudablemente se encuentran la pugna por ejercer su soberanía sobre Taiwán. Por ello no es una sorpresa descubrir cómo desde el inicio de la campaña electoral se han sucedido diversos actos de subversión política y desinformación provocados desde Pekín, en un intento por deslegitimar el régimen de Taipéi. Tampoco sorprende saber cómo dicha campaña seguirá llevándose a cabo, esta vez con más virulencia, tras saberse la victoria de Tsai Ing-wen y la continuidad de su postura tendente a alejarse diplomáticamente de la República Popular. En un artículo para la revista Foreign Affairs titulado China steps up its information war in Taiwan, se muestra cómo el interés de China por la región pasa indudablemente por una búsqueda económica, puesto que la reunificación con la isla le daría acceso a una de las 20 mayores economías a nivel mundial, y estratégica, pues el establecimiento de bases militares le haría ejercer un importante foco de presión contra el cada vez más erosionado liderazgo estadounidense en Asia.

Pero si por algo la ambición china se mantiene, esta es indudablemente por el deseo de Xi Jinping de elevar la política del partido hacia su cénit, donde una pronta anexión de Taiwán incluso antes de supuestamente finalizar su mandato en 2022 haría revalidar la posición internacional del país. Esta intención, que se lleva a cabo desde hace tiempo, deja clara en su política exterior recuperar la posición de liderazgo mundial que había ejercido durante más de dos mil años.

Por otro lado, la población taiwanesa, fundamentalmente la generación joven, se encuentra cada vez más desligada del pasado compartido con China. Al sentimiento de solidaridad marcado por las revueltas estudiantiles en Hong Kong se les suma hasta un sexto del censo electoral de Taiwán, cuyo peso en las urnas para la victoria del pasado sábado de Tsai Ing-wen fue sin duda determinante. Del mismo modo resulta notorio cómo fueron las manifestaciones provocadas por los hongkoneses las que provocaron meses atrás el giro de los apoyos presidenciales hacia el Partido Progresista Democrático. Ante todo, esta victoria refleja un claro sentimiento de no pertenencia a China, y ello se puede ver reflejado de forma cada vez más fehaciente en el desarrollo de una identidad propia en una sociedad que no vivió las consecuencias de la guerra civil, pero sí aprendió a vivir en democracia. Un Taiwán democrático que, tal y como indicaba ayer la misma Tsai Ing-wen, y que fue recogido para el Taipei Times, espera que Pekín entienda que su país no cederá «ante las amenazas y la intimidación».

Con esta victoria surge un período de incertidumbre en Taiwán que pasará indudablemente por un refuerzo en la agresiva postura diplomática china, que jamás vio con buenos ojos a quien hoy revalida la segunda presidencia de su carrera política. A ello se le ha de sumar un aumento de la presión marítima en la zona, con constantes desafíos a la soberanía de la isla, unido a una peligrosa campaña de control de la información. Sin duda, aun venciendo el Kuomintang en las urnas, la realidad sobre el futuro taiwanés seguirá siendo una incógnita, una suerte de paradigma que históricamente ha envuelto a la isla. Por ahora, parece que Taiwán ha ganado.


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El Siberiano (6 noticias)
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