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Dibujar a Venezuela con nuevos representantes públicos

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15/09/2019 15:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Venezuela, exige un cambio y una nueva visión política entre sus dirigentes

El Reloj del Tiempo

No obstante, este camino también conlleva ciertas complejidades para la derecha. La defensa de los derechos humanos ha ido ganando importancia en la región, y debido a que en el pasado la derecha ha estado involucrada en regímenes autoritarios, el electorado de varios países tiene dudas respecto a sus credenciales democráticas en esta materia. Sin lugar a duda, el eventual (re)surgimiento programático de la derecha está fuertemente mediado por su capacidad para renovarse, sobre todo en lo que concierne al tema de la desigualdad. En efecto, hasta ahora la derecha ha tomado muy poca conciencia de los cambios que los países de la región han sufrido en la última década debido a la politización de la desigualdad llevada adelante por actores de izquierda y la implementación de ciertas políticas sociales –como, por ejemplo, los así llamados «programas de transferencias monetarias condicionales» y algunas políticas públicas que se aproximan hacia el universalismo– que ciertamente favorecen la formación de «coaliciones latentes por el igualitarismo». Este concepto ha sido acuñado por David Brady para dar cuenta de cómo diversos grupos sociales se pueden terminar aunando para presionar por la implementación de políticas redistributivas; esto se torna particularmente visible cuando actores políticos intentan promover reformas que afectan las expectativas normativas de una parte importante de la ciudadanía que ha ido avanzando en obtener más derechos a través de la izquierda democrática.

La potencial (re)emergencia programática de la derecha, entonces, está en gran parte en sus propias manos: cuanta mayor capacidad tenga de distanciarse del proyecto de modernización conservadora defendido con vehemencia durante los años 80 y 90, a su vez, Chávez tuvo que ahondarlos en su primera fase de gobierno presidencial, mayores posibilidades tendrá de convertirse en una opción política atractiva para una parte importante del electorado latinoamericano. Sin embargo, también es cierto que la politización de la desigualdad no se tiene que dar por supuesta y, por lo tanto, el escenario que hoy en día es adverso para la derecha puede cambiar el día de mañana si los gobiernos de izquierda no son capaces de cumplir con sus promesas o lidiar de forma efectiva con aquellos problemas que la ciudadanía considera más relevantes. Es así como la estrategia electoral no partidista puede terminar cobrando especial significado para la derecha el día de mañana, ya que dicha estrategia le permite elaborar un discurso antipolítico centrado en temas como la eficiencia económica y la seguridad ciudadana, cuestiones que son valoradas por una mayoría de los votantes.

Hay que revisar los programas de Moscú en los últimos trimestres y visualizar muy bien los escaños dados y perdidos  por Vladimir Putin en los últimos comicios y que, poco se ha comentado por la sorpresa dada.

 

Entre mediados del siglo XVIII y finales del siglo XIX, cuando se definía buena parte de la modernidad política en Occidente, la popularización del concepto «democracia» en el lenguaje político iberoamericano se dio de manera lenta y disputada. Aunque mantuvo su polisemia y hasta su equivocidad, la voz se fue constituyendo gradualmente en un concepto político fundamental, cargado de preguntas y de sentidos. Fue en ese marco, como bien ha señalado el historiador español Javier Fernández Sebastián, un «vocablo proteico», que pudo ser parte, en especial durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, de sintagmas cruciales.Esa dimensión de concepto en disputa fue una de las razones para que el sustantivo «democracia» fuera requiriendo –cada vez más– de numerosos adjetivos. Ha dicho al respecto Fernández Sebastián: «Se comprende que el permanente desacuerdo de fondo acerca del concepto y su intrínseca (…) amplitud forzasen en muchos casos el recurso a una generosa adjetivación. A los ya conocidos calificativos de individualista y socialista se añaden otros muchos como democracia moderna,  democracia liberal,  democracia obrera,  democracia popular,  democracia radical,  democracia tumultuaria,  democracia burguesa, etc.».

Tras aquel intenso debate se encontraba un conjunto de contiendas político-conceptuales: las tensiones entre las ideas de república y democracia, aquellas vinculadas al «desdoblamiento» de la siempre resbaladiza categoría «pueblo», las varias significaciones en pugna en torno de la noción de soberanía, las raíces del creciente prestigio de la idea de democracia social o la asociación entre democracia y una laxa invocación al progresismo. Pero fue su cruce conceptual con la compleja cuestión de la representación y de la interpelación de los paradigmas liberales lo que permitió una gradual rehabilitación discursiva de una palabra que muchos denunciaban como hipócrita. En esa tensión conceptual fue donde nacieron dos sintagmas decisivos como los de «democracia representativa» y «democracia liberal», luego la protágonica. A través de ellos, comenzó a aceptarse la noción de que se podía ir hacia una forma de régimen de gobierno mixto o combinado, en la que la adscripción temida de la voz «democracia», asociada al poder ilimitado y directo del pueblo, podía dejar lugar a una visión de mayor moderación, tras una suerte de atenuación antijacobina o elitista del gobierno del pueblo.

Hacia Venezuela, hay un conjunto de escenarios que dibujan un conjunto de elementos que buscan protagonizar contextos espaciales y que, se manifiestan de una manera alocada en el seno de los boliburgueses que adquieren viviendas y edificios para luego, levantar zonas de conflictos que se disipan  al transcurrir del tiempo.

El clientelismo político, es una forma de instrumentalización de la política que, utiliza a los individuos en función de votos y favores y es considerada como la antesala de la corrupción política y constituye una evidencia clara de la crisis de los partidos, que en la práctica de hoy parecen no representar a nadie, sino a pequeños grupos de intereses mayúsculos y minúsculos. Este clientelismo de mercado de hoy, ofrece los servicios públicos como una dádiva, un cupo escolar, una afiliación al Sisbén, un contrato de trabajo en una entidad pública, de obra pública, una vivienda de interés social, un cupo en un ancianato, etc. Se explica porque quienes estén más cerca del poder, pueden obtener un beneficio mayor.

El pueblo, poco es tomado en cuenta.

Las clientelas electorales expresadas en la burocracia le aseguran el espacio para el clientelismo y la continuidad en el poder, donde las órdenes en la administración pública, no las dan los funcionarios públicos, sino los políticos a quienes les sirven y les deben el cargo. Pero por otro lado, están los miles de personas que vendieron su voto en  elecciones, no en función de una empatía electoral, sino de un negocio rápido que al supeditar su decisión a una remuneración por el ejercicio del sufragio, este elector nunca pudo formarse una idea exacta de las preferencias que ofrecía la contienda política, porque sus acciones estaban orientadas a detectar aquel candidato que en su lógica económica le pagara más por su voto. Esto implica que ese ciudadano no tendrá nunca un rol activo dentro de las deliberaciones políticas ni sobre el control social y no podrá tampoco contribuir a la formación de la voluntad política, pues si no lo hace como individuo, mucho menos podrá hacerlo como parte de esta sociedad.

Quienes compran los votos, no están interesados en formular políticas públicas de acuerdo con las necesidades de la comunidad, sino en hacerse elegir para agenciar beneficios específicos a costa de los recursos del estado y quien lo vende con seguridad, no será jamás un veedor social del desempeño de sus elegidos.

Por otro lado, el Psuv, partido único revolucionario de Venezuela se llenó de personalidades sin experiencia, son novatos aventureros de la política regional y nacional, que no tienen claridad en los asuntos del manejo del estado, pese a   tener posgrados en asuntos públicos y ser asesores de Corporaciones, sus discursos nunca están sintonizados con las necesidades de la gente, ni con el desempeño específico de su rol y funcionalidad en la República Bolivariana de Venezuela.

En  elecciones como en las anteriores, no valió solamente la compra de votos, sino que también era necesario la adscripción a alguna de las llamadas maquinarias, que en esta región se vuelven indispensables para llegar al poder y mantenerse en él, su eficacia radica en que la transacción que se hace tiene al menos una corta duración de por lo menos un contrato de tres meses, que a su vez garantiza el respaldo del político en campaña, mientras los otros grupos por fuera de su influencia, mantienen un efecto inmediato que no se prolonga en el tiempo y eso los coloca en una clara desventaja o ventaja.

Ahora sucede lo del BOD, todos están entrelazados en un solo sentimiento de dañar la República, al igual que el asunto fronterizo, una campaña atroz a favor y en contra, a sabiendas que allí funcionan bandas a favor del país y de Colombia y, todos son de un solo grupo familiar. Hablo así porque conozco la frontera y me crie en el Táchira, Santa Bárbara del Zulia y Maracaibo. Un lugar donde militares y GNB  han sido muy complacientes y una de las trochas sale desde el Norte de Santander hasta Coloncito, Táchira, y los hacendados abren los portalones para pasar vehículos pesados y livianos, trocha que esta más alumbrada que cualquier autopista venezolana, la atravesé cuando venia de Cúcuta y habían asesinado al alcalde de Coloncito y habían trancado la Panamericana, es sorprendente, paramilitares y colectivos cuidando los portones, donde todos son amigos y los une un vínculo familiar. Creo, eso sucedió en el lapso 2008- 2009.

Todos sabemos que la inclusión social es un espejismo, se trata de una expresión rápida y emergente, resultante de la polarización entre izquierda y derecha

. Por un lado, el miedo al fantasma del “Castrochavismo” inventado por el expresidente Uribe como estrategia de manipulación y de miedo para obligar a los colombianos a salir a votar por sus candidatos, que surtió efecto, pero la izquierda encarnada en Petro tampoco se queda quieta e hace lo propio en contra de la derecha que quiere devolvernos a la guerra Sudamericana.

En estos instantes, la fuerza política regional está localizada en esos dos fortines. Uno representado por Álvaro Uribe y el otro por Nicolás Maduro Moros. Los partidos políticos en el poder

Debe haber unas nuevas elecciones en la Asamblea Nacional

Pues es claro que los partidos políticos en el poder, logran consolidarse por medio del control burocrático, es decir utilizando el erario en beneficio del candidato o presidente, como evidencian las irregularidades presentadas al respecto ante la Procuraduría, las denuncias en algunos medios de comunicación del orden nacional y en redes sociales y los contratos que se suscriben en el ejecutivo y gobernaciones previo al inicio de la ley de garantías electorales con el fin de cumplir estos fines políticos.

Venezuela y Colombia son unos Estados sociales de derecho, democrático y pluralista, donde podemos elegir a nuestros líderes, hacer escuchar la voz y tomar decisiones colectivas que nos beneficien a todos. Es la Gran Colombia u Nueva Granada

Para eso existe la política: para propiciar que los ciudadanos expresemos las opiniones y desde la sabiduría popular —que surge de las mayorías con criterios orientados en sentidos similares—, adoptemos las determinaciones que mejor convengan a los intereses generales. La razón de ser del sistema es: reconocer las necesidades, problemas y expectativas de las comunidades.

Tanto el partido de Duque, como el Psuv  de Maduro Moros, se les atribuyen las mismas práctica políticas utilizadas por todos los aspirantes y para mantenerse en el poder, los mismos grupos paramilitares que utilizan centros de poder desde las entidades bancarias como en las entidades públicas.

Siendo conscientes de lo que un hijo – una hija –, representa en la historia, hemos de desempeñarnos de la mejor manera, combinando de la forma más sabia que se pueda: dulzura y exigencia, derechos y deberes, consejos y autonomía, generosidad y disciplina; y pensando día a día que lo que sembramos en el alma, pensamiento y convicciones de ese ser que nos ha sido confiado, le acompañará para siempre y estará llamado a incidir en la vida de un sin número de personas.

Es importante agradecer por haber recibido esta misión y asumirla en la dimensión de su grandeza, con responsabilidad y sin distracciones, siendo y dando lo mejor a quien lo merece, amando hasta el límite de entregar la vida, y dejándose sorprender cada día por la forma en que van creciendo, tomando ideas propias, ejerciendo su personalidad y configurando su carácter, siendo ellos mismos —ellas mismas— y tomando las decisiones que habrán de signar el camino de su propia existencia.

Somos Venezuela.

Somos Colombia, somos el Sur.

Mirar a sus ojos con la ternura que iluminó el rostro al ver su carita diminuta y con la consciencia de fragilidad que estuvo presente en los brazos, cuando tomamos los pocos centímetros de su cuerpo naciente… Mantener el compromiso de presencia y apoyo, de sacrificio, constancia y respaldo; entender que un hijo es el regalo mayor, el principal tesoro, la mayor posibilidad y la dicha más grande. 

Tenemos que ir a las urnas, como parte de un ritual. Será el día en que nos juguemos el destino del país, tan drástico y definitorio como suena, pues escoger a quien regirá los caminos de Venezuela durante seis años, en un momento coyuntural como el que vivimos y a los que, desde la Asamblea Nacional, adoptarán las decisiones que marcarán el camino que como Nación transitaremos, es algo que debe ocupar inteligencia y voluntad.

Algunos —ingenuos o ignorantes— consideran que es igual quien sea presidente, que su vida está al margen de quien ejerza el poder, que no afecta, sin embargo, incide y en demasía.

Es necesario que los electores, responsables todos y cada uno de lo que ocurra con esta patria, tomemos un tiempo en seriedad para pensar en eso, más allá de lo que privilegian o desvirtúan los medios y las redes sociales —cada vez más determinantes—. 

Un voto hace la diferencia y está demostrado, suma o resta, incide. 

¿Quién es el más idóneo? Depende de cómo soñemos a Venezuela y Colombia. En mi caso, anhelo que el estado social de derecho sea tangible, que exista orden y confianza, que haya prioridad por la inversión social con un horizonte de oportunidades para la gente, más que de asistencialismo limitante y poco coherente con la dignidad humana. 

Deseo un país en el que podamos reconciliarnos con quienes hicieron daño, en un marco de reconocimiento y comprensión y también de restablecimiento de las víctimas, garantía de no repetición y sinceridad que resista análisis. Espero que los niveles de competitividad mejoren, que las personas puedan estudiar y se creen dinámicas, empresariales y económicas que activen espirales de progreso y no que repartan la pobreza de manera equitativa. Cada votante en su libertad y buen juicio sabrá quién responde a estas opciones o a las que él mismo prefiera. Quizás estará pensando el lector que las presidenciales ocurrirán luego, sin embargo, la consulta es necesaria y marcará tendencias sobre el rumbo que tome la recta final, previa a las votaciones de la Asamblea Nacional. Buenos candidatos existen, hombres y mujeres que pueden hacer lo bueno por este país, que conocen el oficio y pueden liderar propuestas que nos lleven a un futuro mejor.

Votemos a conciencia, por ideas y no por fotografías, por ideales y no por palabrería, por coherencia y capacidad de impacto, por convicción y no por ´otra motivación´. El ramillete es amplio, existen personas que merecen la oportunidad de estar en la Asamblea, para lograr lo positivo en nombre de todos y darle a Venezuela, el buen destino que merece.

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

Los programas sociales deben ser revisados

 

 

 

 

 

 

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Emiro Vera Suárez (1181 noticias)
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