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Una cultura folclórica para aligerar nuestros pasos

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30/06/2018 23:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El sentido de cercanía con los otros miembros de la comunidad puede ser un bien de gran importancia para esa comunidad

Aventis

 

La cultura del miedo nos destruye, me refiero en Venezuela. Esta cultura puede generar represión política y, debemos abreviar el escepticismo para consolidar los valores que permitirán ponderar los mismos, la participación ideológica del militante es extremadamente importante para su desarrollo, lo mismo a través de sus efectos en la valoración de los medios. Aparte de los intercambios económicos y la participación política, el propio funcionamiento de la solidaridad social y el apoyo mutuo puede estar fuertemente influido por la cultura. El éxito de la vida social depende en gran medida de lo que la persona, la gente, hace espontáneamente por los demás. Esto puede influir de manera profunda en el funcionamiento de la sociedad y hasta en la preocupación por sus miembros menos afortunados, así como en la preservación y el cuidado de los bienes comunes.

El sentido de cercanía con los otros miembros de la comunidad puede ser un bien de gran importancia para esa comunidad. En años recientes, las ventajas que afluyen de la solidaridad y del apoyo mutuo han recibido mucha atención en textos que versan sobre el "capital social".

  Ésta es una importante área nueva de la investigación social. Existe, sin embargo, la necesidad de escrutar la naturaleza del "capital social" en tanto "capital" —en el sentido de un recurso para todo uso (como se considera el capital). Los mismos sentimientos e inclinaciones pueden de hecho operar en direcciones opuestas, dependiendo de la naturaleza del grupo de que se trate. Por ejemplo, la solidaridad dentro de un grupo particular (verbigracia, los residentes más antiguos de una región) puede ir de la mano con una percepción muy poco amistosa de quienes no son miembros de dicho grupo (como los nuevos inmigrantes). La influencia del mismo pensamiento centrado en la comunidad puede ser tanto positiva para las relaciones internas como negativa al generar y fomentar tendencias de exclusión (lo que abarca los violentos sentimientos y acciones "antiinmigrantes", como se puede observar en ciertas regiones con una impecable solidaridad "intracomunitaria"). El pensamiento basado en la identidad puede tener aspectos dicotómicos, ya que un fuerte sentido de la filiación grupal puede tener un papel aglutinante dentro de ese grupo al tiempo que fomenta el trato más bien severo contra quienes no son miembros (a quienes se ve como "los otros", que "no pertenecen" allí). Si esta dicotomía es correcta, entonces puede ser un error tratar el "capital social" como un recurso para todo uso (que es la idea que se tiene, en general, del capital), antes que como un activo para ciertas relaciones y un pasivo para otras. Hay, pues, espacio para un escrutinio que indague en la naturaleza y el funcionamiento del concepto importante, aunque en algunos sentidos problemático, del "capital social".

En realidad, la formación de valores es un proceso interactivo, y la cultura de hablar y escuchar puede tener un papel significativo en el momento de hacer posible la interacción. Conforme surgen nuevos patrones de conducta, es el debate público, así como la emulación inmediata, lo que puede diseminar las nuevas normas a través de una región y, en última instancia, entre las regiones. Las normas surgidas para fomentar bajos índices de fertilidad, o la ausencia de discriminación entre niños y niñas, o el enviar a los niños a las escuelas, en fin, no constituyen tan sólo rasgos importantes del desarrollo: pueden estar influidas en gran medida por una cultura del debate público y de la discusión libre, sin obstáculos políticos ni represión social

 

     El fomento de una comprensión más clara y más amplia sobre el pasado de un país o de una comunidad a través de la exploración sistemática de su historia cultural constituye otra posibilidad constructiva. Por ejemplo, al apoyar excavaciones y exploraciones históricas e investigaciones relacionadas, los programas de desarrollo pueden ayudar a facilitar una apreciación más cabal de la amplitud —y de las variaciones internas— de culturas y tradiciones particulares. La historia a menudo abarca una variedad mucho más amplia de influencias culturales y de tradiciones de la que tienden a permitir las interpretaciones intensamente políticas —y frecuentemente ahistóricas— del presente.

Cuando es este el caso, los objetos, parajes y archivos históricos pueden ayudar a equilibrar algunas fricciones en la política moderna. La historia árabe, por ejemplo, incluye una larga tradición de relaciones pacíficas con las poblaciones judías.      La rememoración de la historia puede ser un aliado importante en el cultivo de la tolerancia y la celebración de la diversidad, y estas notas se cuentan —directa e indirectamente— entre los rasgos importantes del desarrollo.

La cultura no permanece quieta en absoluto

La cultura no es un atributo homogéneo —puede existir un gran número de variaciones, incluso dentro de la misma atmósfera cultural general. Los deterministas culturales subestiman con frecuencia el alcance de la heterogeneidad dentro de lo que se ve como "una" cultura específica. Las voces discordantes a menudo son "internas", no provienen del exterior. Puesto que la cultura tiene muchas facetas, la heterogeneidad también puede provenir de los componentes particulares de la cultura en los cuales decidimos enfocar nuestra atención, las culturas interactúan unas con otras y no se pueden ver como estructuras insulares. La perspectiva aislacionista —que casi siempre se da por sentada implícitamente— puede ser en gran medida falaz.

Nuestro comportamiento, no sólo depende de nuestros valores y predisposiciones, sino también del hecho concreto de la presencia o ausencia de instituciones medulares y de los incentivos —orientadores o morales— que éstas generan.,

 la cultura no permanece quieta en absoluto. Cualquier suposición de inmovilidad —explícita o implícita— puede ser desastrosamente engañosa. Hablar, digamos, de la cultura religiosa hinduista, o en fin, de la cultura nacional hindú, considerándola como una cultura bien definida en un sentido temporal estático, no sólo implica pasar por alto las grandes variaciones dentro de cada una de estas categorías, sino también ignorar su evolución y sus grandes transformaciones a través del tiempo. La tentación de usar el determinismo cultural a menudo adquiere la forma irremediable de un esfuerzo por largar el ancla cultural de un barco que se mueve veloz. A veces podemos estar sólo vagamente conscientes de la manera en que una influencia llegó desde fuera, pero ésta no es razón para restarle importancia. Por ejemplo, aunque el picante era desconocido en la India antes de que los portugueses lo introdujeran en el siglo XVI, ahora es una especia totalmente hindú. Los rasgos culturales —desde los más triviales hasta los más profundos— pueden cambiar en forma radical, dejando a veces pocas señales del pasado que llevan detrás.

En realidad, si se reconoce que la cultura no es homogénea ni inmóvil y que es interactiva, y si la importancia de la cultura se entrevera con las fuentes rivales de influencia, entonces la cultura puede ser una parte muy positiva y constructiva en nuestra comprensión del comportamiento humano y social, y del desarrollo económico

Si bien el maridaje entre el prejuicio cultural y la asimetría política puede ser casi letal, la necesidad de tener cuidado al saltar a conclusiones culturales resulta más insidiosa. Tales conclusiones pueden influir incluso sobre la forma en que los expertos conciben la naturaleza y los desafíos del desarrollo económico. Las teorías se derivan muchas veces de pruebas bastantes escasas. Las verdades a medias o fragmentadas pueden desorientar garrafalmente —a veces incluso más que la falsedad llana, que es más fácil de delatar.

El presidente, debe colaborar en la fijación de normativas para una cultura mejor


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Emiro Vera Suárez (606 noticias)
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