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Crónica de una mala experiencia en la Venezuela Socialista

10/03/2018 09:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un día jueves, a las 5 pm, mi hijo Rafael Miguel y mi nieto Oscar me acompañaron hasta La Vaquera, una parada ubicada a 12 cuadras, aproximadamente, de mi casa

Violeta

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                          La Vaquera en Cabudare

Un día jueves, a las 5 pm, mi hijo Rafael Miguel y mi nieto Oscar me acompañaron hasta La Vaquera (una parada ubicada a 12 cuadras, aproximadamente, de mi casa) para esperar transporte y llegar hasta Valle Hondo, casa de mi amiga Miriam, quien me acompañaría al Central Madeirense el día viernes, ya que a las dos nos correspondía comprar ese día por número de Cédula, con la ilusión de lograr así un poco de abastecimiento en esta Venezuela insólita. Íbamos a esperar un bus, ya que mi hijo tiene el auto accidentado por falta de repuestos, mi hijo Alfredo paró la camioneta por falta de cauchos y Rafael Simón lleva el record de haber comprado cuatro baterías en el año 2016. La primera, fue robada en Los Leones, frente a una farmacia, donde se bajó a preguntar por medicinas que nunca se consiguen (estacionó en la Av. por cinco minutos) Para reponerla, se afilió a un sistema de compra y tuvo que ir a Maracay, a 300 kms de Barquisimeto, para comprarla. A los días, le robaron el auto, con la batería nueva, por supuesto. A él lo encañonó, un ladrón en una lunchería, de una banda de encpuchados, al mediodía. El auto apareció en la tarde gracias a un pariente policía. Mi hijo verificó que le quitaron la batería nueva, el caucho de repuesto, el radio, el parabrisas, y todo lo que pudieron. Le robaron también un tensiómetro que acababa de importar, una linterna para astrología, y hasta los comprobantes médicos de exámenes gástricos costosos (míos) que me los habían realizado ese día. Iban en el sobre recibos para el Seguro que nunca pudo cobrar. A pesar de todo este mal panorama, demos gracias a Dios que el auto apareció dos horas después. Nosotros nos preguntamos: ¿cómo pudieron los ladrones desvalijar el auto en tan poco tiempo? O será que fueron ayudados por la policía?. El auto se recuperó gracias a ese primo de la esposa de mi hijo que trabajaba en esa estación de Polilara. Los venezolanos, desde que comenzó este régimen político, ya no confiamos en ninguna Institución del Estado. Sigo con el Karma de las baterías: La próxima se la compró a un bachaquero (nuevo empleo en Venezuela, pues compran a precios regulados y venden bien caro), y le duró 15 días. Y por fin, compró la última, que antes de los seis meses estaba fallando. ¿Qué les parece? Mi hijo tiene un Karma duro con las baterías... Bien, sigo la crónica de la ida a Valle Hondo: me subí a la buseta, que fue anunciada por mi nieto: “Qué suerte, abuela, conseguiste rápido transporte”. Me subí con una joven que me dijo que ella tenía más de una hora en esa parada. (Esto es de lo más normal en lo que los chavistas llaman “Paraíso Socialista”) La exclamación de mi nieto ¡qué suerte! Se debe a que el transporte público casi no existe, sólo una que otra desvencijada buseta, todos los carritos por puesto están parados por falta de repuestos. Funcionan los Transbarca (buses del Estado), pero se llenan tanto que a veces parecen buses de comiquitas, aunque no cuelgan de las puertas (ya que estas se cierran automáticamente al arrancar) pero hay que viajar de pie, espalda contra espalda, tan apretados que yo observo y me admiro de la paciencia del venezolano, que no protesta por esta situación y eso que yo, generalmente consigo asiento, ya que uso bastón por mi rodilla operada.

Al subir a la buseta mencionada, el conductor, un hombre horrible, arrancó como un demonio. Cuando llegamos a la esquina de Almarriera, otra buseta cruzaba en sentido contrario y apenas rozó la nuestra (no la chocó). El conductor mandó al otro a pararse y como un loco, agarró un palo de leña que llevaba bajo el asiento, bajó y casi mata al otro conductor. Esto no sucedió por la intervención de una veintena de personas que estaban en esa parada. Lograron detener al agresor, pero éste se les escapó y le cayó encima al conductor de la otra buseta como un perro rabioso cuando pelea. La víctima apenas podía moverse, nosotros en la buseta como espectadores y la gente de la parada tratando de separarlos. La joven que estaba a mi lado casi se desmaya del susto. En la buseta no viajaba ningún hombre, sólo muchachas y señoras de la tercera edad. Todas comenzamos a rezar e implorar a Dios que salvara a la víctima. La gente de la parada logró separarlos, montaron al conductor maltratado en su buseta y le dijeron que se fuera. El loco volvió a tomar el palo de leña y se paró en la puerta de su buseta mientras el agredido maniobraba.

Nos pusimos todas de pie. ¿Qué hacemos? –Preguntaban algunas-   Bajemos, dijimos las cuatro que estábamos adelante, nos matará ese hombre, decía mi compañera de asiento. No, no lo hará, le dije. Dios nos protegerá. Bajamos todas, pasando por delante del tipo que tenía hasta espuma en la boca por la rabia. Bajamos todas (aproximadamente 20). Dios nos protegió y al agruparnos en la parada. Llegó una tercera buseta, nos recogió y arrancó detrás de las otras 2. El conductor que nos recogió nos dijo: “Ese es el Guajiro, es un asesino. Voy a poner la denuncia, en cuanto las lleve hasta el puente de Valle Hondo”. El señor nos contó que ese guajiro es terrible en la Línea, hace lo que le da la gana, maltrata a los compañeros, a los pasajeros, roba las vías que no le corresponden y si alguien le reclama, le cae a piedras o palos. Ese hombre no respeta ningún Reglamento y las autoridades lo saben y no hacen nada. De todos modos, yo voy a poner la denuncia- nos dijo el conductor.- Todas nos horrorizamos con el informe de los antecedentes de ese salvaje, le agradecimos que nos diera el aventón y lo encomendamos a Dios junto al chofer agredido, que según su compañero, era muy buena persona. En este Estado y en toda Venezuela no hay seguridad, las personas actúan dentro de un clima de violencia, atropellos e injusticias. Llegamos a la parada del Puente de Valle Hondo, famoso por las barricadas de los estudiantes, que exponen sus vidas para tratar de salir de un gobierno incapaz, incompetente y sordo a las situaciones, llamémoslas de guerra, del día a día, ya que la guerra no es siempre una batalla de soldados. Esta situación me hizo recordar un taller que dirigía Ricardo Márquez, jesuita del CESAP (Centro de Servicio de la Acción Popular de Caracas), al que yo asistí como profesora de un grupo de estudiantes de Didáctica y Prácticas Docentes de la UCV. En ese taller, un joven de barrio dijo: En mi calle, las balas son las moscas que salen de la basura de un mal aseo urbano, que invaden nuestras casas y nuestros niños enferman de gastroenteritis y otras enfermedades

Al subir a la buseta mencionada, el conductor, un hombre horrible, arrancó como un demonio

Las balas de la actual Venezuela, son los vejámenes y atropellos de los mandamás por rabia y peleas, la ineptitud de las instituciones públicas para resolver los problemas del diario vivir como son: agua, electricidad y aseo urbano; y valga el recuerdo que tuve para hacer el símil con la intervención del joven del CESAP, aunque también sí existen las balas de la Guardia Nacional, que masacran diariamente a los jóvenes que luchan en las universidades y en las calles, reclamando los derechos de los venezolanos y el respeto a la Constitución. Al llegar a la parada de Valle Hondo, me sentí muy deprimida por el susto y la mala experiencia, llegué a casa de Miriam, quien me calmó con palabras de aliento y una infusión. Luego de descansar unas cuatro horas, madrugamos para ir al Supermercado a tratar de conseguir unos 3 ó 4 productos   de la cesta básica, regulados. Esto constituye una alegría para la gente muy pobre o con una familia numerosa, ya que si no se logran esos productos (que distribuye MERCAL) y hay que pagarlos al precio que exijan los bachaqueros.

Roguemos a Dios, que esta situación, como la peor de las pesadillas, termine pronto.

            Encomendémonos a Dios, nuestra fuerza de vida infinita


Sobre esta noticia

Autor:
Josefasuarez350 (27 noticias)
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Reportaje
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