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1983: La Semana Negra de Bilbao, relatada por alguien que la vivió

02/09/2013 12:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Bilbao tiene todavía en sus pupilas las imágenes de lo que ocurrió aquel viernes 26 de agosto que nadie podía adivinar. Una gota fría -termino que se desconocía- se llevó 34 vidas, 5 desaparecidos, tres puentes y su casco viejo. Trajo 60.000 voluntarios y años después el Guggenheim

Bilbao, El 26 de agosto de 1983 la ciudad se encontraba inmersa en la recta final de sus fiestas, desde luego pasadas por agua. La Aste Nagusia de ese año se caracterizaba por la  lluvia que acompañó a todos los actos y festejos. Pero nadie imaginaba la catástrofe que se avecinaba. La víspera, las previsiones del tiempo anunciaban desde  Madrid: “Algo de inestabilidad en la mitad norte”. “Estos tíos están locos, fíjate el color del cielo, el nivel del Nervión y los nueve días que cae día y noche algo que no es simiriri. Si sigue así un día más esto puede ser un desastre” -me dijo un amigo de Bilbao.  

“Y yo me voy esta noche a Donosti” le contesté. Es viernes. Es viernes y el Urumea está comparativamente bajo, excepto en la rivera de Loyola. Fui a la estación de Urazurrutia y el Nervión que pasaba junto a la estación del autobús, parecía furioso y hasta se formaba con el viento olitas y en algunos sitios el río había invadido la carretera…”.Tampoco en aquella época “los del tiempo” solían acertar.

Toda la semana había llovido mucho, pero eso no era extraño en los veranos de Bilbao. Hasta que el viernes 26 de agosto, la cortina de agua se convirtió en tragedia debido a la citada "gota fría". Para las tres de la tarde, la ría del Nervión, la arteria de la ciudad, ya amenazaba con salir del cauce.

Lo cierto es que aquel día fatal cayó sobre Bilbao una de las mayores trombas de agua que se recuerdan, provocando una subida increíble del caudal de la ría que incluso superó los cinco metros en algunas zonas del Casco Viejo.

Hubo numerosas zonas afectadas entre las cuales una de las que pero acabó fue la parte vieja llegando el agua hasta cinco metros de altura otra zona que también fue afectada fue Llodio que lo pasó especialmente mal...

Los expertos achacaron las inclemencias meteorológicas de ese día a lo que llamaban una gota fría, término totalmente desconocido para mis amigos de Bilbao.

Cayeron 503 litros de lluvia por metro cuadrado en 24 horas corridas, de las 9.00 horas del viernes a las 9.00 horas del sábado. Esa tarde, el Nervión se desbordó desde Llodio (Álava), veinte kilómetros hacia el interior, hasta la desembocadura.

La fuerza devastadora del agua mató ese día a 39 personas, causó pérdidas por más de 200.000 millones de las antiguas pesetas y arrasó 101 municipios vascos.

Aquellas fueron las inundaciones de la solidaridad, pero también hubo quién intentó aprovecharse de la situación y se detuvo a treinta saqueadores en los dos días siguientes a la riada.

Hubo especuladores que vendían una barra de pan a 100 pesetas y una botella de agua a 140 pesetas. La catástrofe agravó la crisis económica que ya sentía Bizkaia, agobiada por la reconversión industrial.

Pero poco a poco, la ciudad gris, contaminada y decadente que era Bilbao, con su casco histórico arrasado por las inundaciones, resurgió.

Por un guiño del destino, ese mismo año, el 83, tocó un segundo premio de la lotería de Navidad en Bilbao, que dejó 7.000 millones de pesetas, una ayudita, porque costó una década entera rehabilitar el Casco Viejo.

Al parecer lo que ocurrió fue que en el cielo los aires fríos del norte chocaron con los aires cálidos del sur, ambas corrientes soplaban en sentido contrario y provocaron de alguna manera lo que aquella tarde de verano sucedió en Bilbao. Lo más triste son las muertes que ocasionó la riada, por supuesto las cinco desaparecidas no volvieron más. Las pérdidas superaron los 60.000 millones de las antiguas pesetas sólo en la ciudad, la industria vizcaína acabó fuertemente dañada y miles de personas perdieron sus hogares, sus vehículos, sus negocios y sus trabajos... Yo no pude volver a Bilbao en una semana. La estación de autobuses había desaparecido y no hubo oficinas para los tickets hasta casi un año.

Veinte años después, las imágenes de un Nervión desbordado por las calles de la ciudad permanecen grabadas en la pupila de muchos bilbaínos y todos los que viajábamos en el último autobús de Pesa a Donosti. Pero ninguno sufrió daños, por cuestión de horas. En el Casco Viejo, el mercado de la Ribera sufrió en sus propias carnes la fuerza devastadora del agua. La planta baja del mercado, donde se encontraban las cámaras frigoríficas y el pescado, quedó anegada en pocas horas, después llegó al primer piso, donde se situaban la mayoría de los comercios y al final, las aguas alcanzaron también la última de las plantas. Y todo era un barrizal y había que ir al trabajo con botas.

De un día para otro, lo que antes había sido un gran centro comercial quedó reducido a escombros y barro. Todos los productos estaban podridos y la mayoría de las máquinas eran ya inservibles. Dos días después, las aguas ya habían vuelto a su cauce y llegaba el turno de las labores de limpieza. Andoni, dueño junto con su hermano desde hace 27 años de una carnicería situada en el primer piso del mercado de la Ribera, recuerda aquellos días: “Ni tan siquiera era triste, simplemente veías y no te lo creías” asegura. La misma impresión de incredulidad tuvieron quienes desde otros barrios y localidades se acercaban al Casco Viejo para ver con sus propios ojos las dimensiones de la catástrofe.

El riesgo de epidemias era otro de los miedos entre la población y las autoridades, de ahí que en determinados sitios estratégicos se colocasen puestos médicos para atender a los ciudadanos; además, los hospitales estaban preparados para ello, y el reparto de vacunas estaba a la orden del día. La Solidaridad  fue la nota del Bilbao 1983. Gente que había estado en la guerra recuerda que jamás había visto, nada igual. Todos éramos de Bilbao. Los Voluntarios suplieron a la Ertzantza que todavía estaba en formación o como proyecto.

La falta de información fue también angustiosa. Había mucha gente que no sabía nada de sus familiares, los teléfonos no funcionaban y la necesidad de comunicarse con los seres queridos o simplemente saber algo de ellos era acuciante. La radio se convirtió en el medio de comunicación por excelencia, y la gente intentaba hacer saber a sus familiares que estaban bien a través de las ondas radiofónicas. Y es que en aquellos días, la radio fue más que nunca un servicio para el ciudadano. A través de ella, la gente no sólo podía saber de sus familiares, sino que también se daban por ejemplo, avisos de lugares donde se iban a situar camiones cisterna para el reparto de agua a la población.

Sin Ertzaintza pero con un pueblo solidario, Bilbao inició aquel mismo día la etapa de su resurección

La zona menos afectada fue la parte alta de Bilbao, ya que no estaba muy cerca de la ría y la más afectadas fue el Casco Viejo en donde el nivel llegó hasta los cinco metros de altura y el barrio de la Peña en la que algunas zonas fuero enterradas por el barro y hubo altos niveles de agua.

Para las labores de rescate en las zonas en las que el nivel del agua era exagerado se necesitaron helicópteros y la ayuda de mucha gente solidaria que lo hacía para ayudar a los demás.

Los problemas inmediatos aparecieron casi desde el comienzo de las inundaciones

Estaban también la falta de agua potable y la ausencia de alimentos, por lo que la alimentación era un grave problema. También hubo cortes de la electricidad y otro problema también grave fueron los problemas de comunicación debido a los puentes que fueron llevados por la ría y al corte de muchas carreteras.

 Hubo casas destruidas y derrumbadas lo que provocó que gente se quedase sin hogar y muchos coches quedasen inservibles o no se encontraron...

 La mayoría de la población que trabaja o estudiaba en las zonas afectadas se incorporó a los estudios o al trabajo unos cuantos días después debido a los destrozos ocasionados por el agua en las oficinas, colegios, tiendas...Y otros comercios quedaron irrecuperables y arruinados.

La semana grande acabo siendo la semana negra que dejo por su paso heridos, unos mas gravas que otros, treinta y cuatro muertos y cinco desaparecidos. Toda la gente que ayudo en todo lo que podía, pero en la historia de Bilbao, quedarán para siempre los 6.000 voluntarios cifra que dudo sea exacta, porque para mí hubo 60.000.

Quince años después, en 1997, se inauguró el Museo Guggenheim, el símbolo y motor del renacimiento de una villa que mañana recordará las inundaciones, una palabra que a cualquier bilbaíno todavía le produce escalofríos.

En internet, se pueden ver fácilmente las imágenes de la tragedia, con la ría desbordada, anegando el mercado de abastos de la Ribera. Todavía hoy varias marcas en el Casco Viejo que indican el nivel que alcanzó el agua, a tres metros de altura.

La magnitud de la tragedia se pudo apreciar cuando la ría volvió a su cauce. El agua se había llevado en Bilbao puentes como el de Bolueta o La Ribera, destrozó edificios en barrios como La Peña o el Peñascal, carreteras y vías de tren, y centenares de comercios y locales del Casco Viejo quedaron anegados.

Se llevó hasta uno de los símbolos del Bilbao de entonces, el barco 'Consulado', atracado permanentemente en la ría, que fue dando tumbos hasta hundirse y nunca ha sido sustituido.

Se acumularon miles de toneladas de barro, de restos de viviendas y de coches, que desde el mismo sábado comenzaron a retirar los cinco mil voluntarios que se presentaron para ayudar.

Armados con botas de goma y una pala, todos trabajaron sin descanso para limpiar la ciudad.

Miles de vizcaínos vivían entre el lodo, sin luz y sin agua corriente, por lo que camiones cisterna repartían agua, mientras soldados suministraban alimentos. Tampoco había teléfono, así que la radio recobró la importancia de antaño, al convertirse en el único medio de comunicación para muchas familias que dejaban mensajes tranquilizadores que emitían las emisoras.

Periódicos de aquellos días recogían en titulares como 'Euskadi arrasada', apuntaban que el resto de España "se volcó en el envío de alimentos" y reflejaban la imagen del entonces lehendakari, Carlos Garaikoetxea, recorriendo lo que quedaba del Casco Viejo.

Al celebrarse el aniversario se ha celebrado como se ha reconstruido la ciudad con numerosos actos públicos y exposiciones.

Además de ello un libro salió publicado. Para las exposiciones se pidió a toda la gente que aportase todo lo que conservaban en sus casas sobre esta tragedia que marcó la historia de la villa.

FUENTE: DIASPORAweb ESPECIAL PARA GLOBEDIA   


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